María Eugenia Vaz Ferreira

Presta la tarde apagando las llamas

La otra isla de los cánticos

Presta la tarde apagando las llamas

grato frescor a las horas ardientes,

rojos claveles florecen las ramas

en que verdean los brotes nacientes.

 

Van de los tiernos botones surgiendo

pétalos mil del color de corales,

bocas parecen que vanse entreabriendo,

húmedas bocas de labios sensuales.

 

Y dando vueltas, alegres e inquietas,

forman luciente conjunto variado

las mariposas azules, violetas,

junto al sabroso manjar codiciado.

 

Ya se han posado en algunos claveles

unas, que quietas no lucen sus galas,

cual si borrachas libaran las mieles,

entorpecidas las móviles alas.

 

Otras recién saborean golosas

la rica savia robada a las flores

que han de ostentar en el cuerpo orgullosas,

ya convertida en brillantes colores.

 

Hasta que luego se cansan y dejan

triste la planta, marchita y ajada,

sueltas al aire tas alas, se alejan

revoloteando en alegre bandada,

 

Y en el azul de la tarde serena

dejan sus a las escrito al volar,

esta es la hora más grata y amena

en que libamos el rojo manjar.