Anonyme
La tarde cae despacio sobre el patio,
la sombra del limonero llega al muro,
y el aire huele a tierra y a relato
de algo que fue presente y ya es futuro.
Mi abuela pelaba naranjas en silencio,
la cáscara cayendo en espiral lenta,
sus manos conocían ese comercio
antiguo, esa paciencia que no cuenta.
Yo la miraba desde el escalón de piedra,
sin entender que miraba sin saber,
que guardaba sin querer esa madera
de gesto que no vuelve a suceder.
Ahora agosto llega con su peso
de luz blanca y zumbido de cigarra,
y busco en el calor ese retroceso,
esa tarde que el tiempo no desamarra.
No está. Sólo está el limonero grande,
más alto que en mi infancia, más oscuro.
El patio es el de siempre, nadie manda
ya en él, y el silencio es más puro.
Me siento en el escalón, cierro los ojos,
y espero que el olor a tierra y fruta
me devuelva aunque sea unos manojos
de aquella tarde lenta, aquella ruta.