Amado Nervo

El retorno

Los jardines interiores

Vuelvo, pálida novia, que solías

mi retorno esperar tan de mañana,

con la misma canción que preferías

y la misma ternura de otros días

y el mismo amor de siempre, a tu ventana.

 

Y elijo para verte, en delicada

complicidad con la naturaleza,

una tarde como esta, desmayada

en un lecho de lilas e impregnada

de cierta aristocrática tristeza.

 

Vuelvo a ti con mis dedos enlazados

en actitud de súplica y anhelo,

como siempre, y mis labios, no cansados

de alabarte ¡y mis ojos obstinados

en ver los tuyos a través del cielo!

 

Recíbeme tranquila, sin encono,

mostrando el dejo suave de una hermana;

murmura un apacible: «Te perdono»,

y déjame dormir con abandono

en tu noble regazo hasta mañana...