Mercedes Marín del Solar
¡Al fin te llevas a lejana tierra
La prenda idolatrada de mi amor!
En la distancia que de mí te aparta
No olvides mi aflicción.
Veo cruzar por el océano inmenso
La nave que mí dicha me llevó,
I dos voces unísonas me dicen:
¡Adiós, o madre, adiós!
Cuando del hondo mar las turbias ondas
Se alcen embravecidas con fragor
Piensa que al cielo sube mi plegaria
Cual suave exhalación.
I que aquel Ser, que el maternal cariño
A mi sensible pecho prodigó,
Otorgará a mis lágrimas i ruegos
Su grata bendición.
Piensa que tu franqueza, tu alegría
I tu amistad i tu filial amor
Dulces necesidades son que apremian
Mi tierno corazón,
Al que, si no devuelves algún dia
La prenda que a tus votos acordó,
Dogal se tornará el florido lazo
Que mi mano tejió.
Piensa:. . . . pero tú ries, las señales
Se borran en tu rostro, del dolor;
Tienes tu cara madre, vas a ella,
Mereces mi perdón.
Tú la verás, la abrazarás gozoso
En deliciosos éxtasis de amor,
También la abrazará mi dulce Elena,
I aquí la abrazo yo.
¡Ai! al pensar en tan feliz instante
El ardoroso llanto humedeció
Este papel, i en larga vena corre. . . .
¡Perdón. Beelen, nerdon!
. . . Cuando al frente del Niágara sublime,
Lo mires lleno de sagrado horror,
Ora por mí con mi preciosa Elena,
Al cielo irá tu voz;
Que a viste, de esa inmensa maravilla,
Monumento de la alta creación,
Siente el alma del Dios Omnipotente
La gloria i esplendor. . .
Pídele, porque al mundo todo envuelva
En el torrente de su puro amor
I que nuestros afectos eternice
En mas alta rejion.
Pide que de tu dicha el sentimiento,
Dulce, como de Dios grato perdón,
Conserve embalsamado entre virtudes,
Cual incorrupta flor.
Pídele que yo pueda en algún dia,
Llena de relijiosa inspiración,
Unir a la armonía del torrente
La de mi humilde voz. . . .
Pídele que halagüeñas esperanzas
De la ausencia mitiguen el rigor. . . .
¡La esperanza que tornan mis desvelos
En pálida ilusión!
Perdona de mi verso el rudo acento,
Inarmónica voz del corazón;
Del jenio mismo las divinas alas
Entorpece el dolor:
Ni tiene el alma de amargura llena
Aliento libre, melodiosa voz,
Ni brota el arenal seco i ardiente
Fresca, olorosa flor . . . .