Mercedes Marín del Solar
¿Dónde estas? Es posible? Te perdimos
Para siempre jamas? Nó nos escuchas?
I el pueblo idolatrado
Es nada para tí? Tú mismo en nada
le tornas para él? Horror! Espanto!
Yerman el corazón i no hai consuelo...
Empero torno al cielo
Mis tristes ojos de llorar cansados
I veo allí la Relijion divina,
Que con faz de belleza peregrina
Me revela en su alcázar luminoso,
El asilo dichoso,
Donde libre su espíritu reside
En sempiterna paz, en almo gozo.
—«No llegan los malvados,
Me dice, a este lugar, ni su malicia
Dardos emponzoñados
Asestar puede aquí con mano aleve:
Los que están fatigados
Aquí descansan, i en el blando seno
Del Hacedor Supremo no hai cuidados,
No hai insidias, engaños, ni traiciones.
De las viles pasiones
El imperio tiránico no alcanza
A perturbar el goce inalterable
De este bien inefable,
I su furor, inútil aquí espira,
Cual las olas del mar tempestuoso
Contra el escollo inmóvil que las mira.»