Mercedes Marín del Solar

A la muerte de don Diego Portales.

¿Dónde estas? Es posible? Te perdimos

Para siempre jamas? Nó nos escuchas?

I el pueblo idolatrado

Es nada para tí? Tú mismo en nada

le tornas para él? Horror! Espanto!

Yerman el corazón i no hai consuelo...

Empero torno al cielo

Mis tristes ojos de llorar cansados

I veo allí la Relijion divina,

Que con faz de belleza peregrina

Me revela en su alcázar luminoso,

El asilo dichoso,

Donde libre su espíritu reside

En sempiterna paz, en almo gozo.

 

—«No llegan los malvados,

Me dice, a este lugar, ni su malicia

Dardos emponzoñados

Asestar puede aquí con mano aleve:

Los que están fatigados

Aquí descansan, i en el blando seno

Del Hacedor Supremo no hai cuidados,

No hai insidias, engaños, ni traiciones.

De las viles pasiones

El imperio tiránico no alcanza

A perturbar el goce inalterable

De este bien inefable,

I su furor, inútil aquí espira,

Cual las olas del mar tempestuoso

Contra el escollo inmóvil que las mira.»