Mercedes Marín del Solar
Mas oigo ya el estruendo
Con que el canon anuncia que se acerca
El carro funeral. Los viles hierros,
Que a la inocente víctima ligaron,
De signo ignominioso,
En timbre de alto honor se ven trocados,
I en público espectáculo se ostentan,
No menos gloriosos
Que los que al gran Colon apercibieron
Calumnia atroz i bárbara injusticia.
El carro, en que a la muerte fué llevado
Por insanos verdugos,
Aparece en las calles enlutado
I de sorpresa i duelo
Indefinible sensación produce...
Ya la amistad con mano fiel conduce,
La faz en tiernas lágrimas bañada,
La ceniza preciosa
Al postrimer asilo, reverente.
Hondo silencio en torno se difunde,
I abismada la mente se confunde
En solo un doloroso pensamiento...
¿Son esos restos frios,
Es esa imájen insensible i muda
Cuanto nos queda de El? Su alta memoria,
Sus acciones legadas a la historia,
¿Serán de hoi mas su ser, toda su vida?...
¿Dó está el soplo divino que animaba
Aquel semblante hermoso? Dó se esconde
La mente osada, altiva
De aspiraciones elevadas llena?
Dó el alma firme, impávida i serena,
La mirada sagaz i penetrante,
La voluntad resuelta i decidida,
El aliento de vida
Que a todos con su espíritu animaba,
La pasión jenerosa i anhelante
De lo grande i lo justo?...—La faz yerta
Carece de espresion. No ven sus ojos,
Su oido no percibe ya el lamento
De amargo sentimiento
Con que todos contemplan sus despojos.