Ramón López Velarde

Me estás vedada tú

Imaginas acaso la amargura

que hay en no convivir

los episodios de tu vida pura?

 

Me está vedado conseguir que el viento

y la llovizna sean comedidos

con tu pelo castaño.

Me está vedado oír en los latidos

de tu paciente corazón (sagrario

de dolor y clemencia)

la fórmula escondida

de mi propia existencia.

 

Me está vedado, cuando te fatigas

y se fatiga hasta tu mismo traje,

tomarte en brazos, como quien levanta

a su propia ilusión incorruptible

hecha fantasma que renuncia al viaje.

 

Despertarás una mañana gris

y verás, en la luna de tu armario,

desdibujarse un puño

esquelético, y ante el funerario

aviso, gritarás las cinco letras

de mi nombre, con voz pávida y floja.

¡Y yo me hallaré ausente

de tu final congoja!

 

¿Imaginas acaso

mi amargura impotente?

Me estás vedada tú... Soy un fracaso

de confesor y médico que siente

perder a la mejor de sus enfermas

y a su más efusiva penitente.