Mercedes Marín del Solar
Agua que veloz vuelcas
Tus líquidos cristales,
Llévate entre tus ondas
Mis amargos pesares.
Huye, i al mar undoso
Corre a precipitarte;
Huye i jamas me traigas
La idea de mis males.
Agua, que, en tu inconstancia,
De la vida la imájen
Cada instante me ofreces,
Puedas tú consolarme.
I así como yo he visto
Tu cristal enturbiarse
I en lodo convertidas
Tus perlas mas brillantes:
Así como en mi pecho
Nacen las tempestades
I mis dichas mas puras
Se tornan presto en males;
Pueda yo en algún dia
Ver tu faz serenarse
I que en mi triste pecho
La dulce paz renace.
Cuando tu clara linfa
Con su frescura halague
Las revolantes auras
I las flores del valle;
Cuando el destino fiero
De mi camino aparte
Las punzantes espinas,
Los tétricos pesares;
Entonces sin cuidados
Vendré yo a contemplarte
I a gozar fus delicias
En la apacible tarde.
I, aspirando el aroma
De tu florida márjen,
Tu límpida corriente,
Tu cristal ondulante
Que por el prado forma
Graciosas espirales,
Admiraré gozosa
Con sonrisa suave,
I te llamaré hermoso,
Mas que los anchos mares,
Consuelo de los tristes,
Delicia de este valle.