Ramón López Velarde

Se deshojaban las rosas

En los prados de tu huerto

a la luz del plenilunio

se moría cada flor,

y concurriendo a una extraña

complicidad de infortunio,

en el rosal de mi vida

se deshojaba el amor.

 

Bien pudiera el peregrino

hacer estación romántica

a la mitad del camino,

y desgranar un rosario

de cuentas sentimentales

por aquel deshojamiento

del alma y de los rosales.

 

¡Oh novia! Siempre querida,

cuyas pupilas llorosas

contemplaron la caída

de pétalos y esperanzas

sobre la faz de las cosas,

cuando en la calma nocturna

se deshojaban a un tiempo

las quimeras y las rosas.