José Maria Hinojosa

¿Por qué no?

Bañábase en la playa

sin corazón

y sin el velo de la desposada.

 

Y tenía su cuerpo,

sin corazón,

por la arena salada recubierto.

 

Tendida sobre el aire,

sin corazón,

comenzó a despojarse de su carne.

 

¿Y el corazón?

Los peces lo llevaban,

mar adentro, colgado de sus alas.