Mercedes Marín del Solar
Eres, niño inocente,
Flor delicada i pura,
Por tu dulce hermosura,
Por tu amable candor,
¡Ai! no nazca en tu seno
El insensato orgullo,
Cual nace en un capullo
Gusano roedor!
Cuando viniste al mundo
Tú de nada sabias,
Llorabas i jemías,
Pobre hijo del dolor;
Mas tu paciente madre,
Por templar tu amargura,
Un néctar de dulzura
Al labio te aplicó.
Sonrisa encantadora
Brilló en tu labio tierno,
I el corazón materno
De gozo palpitó;
Que es la primer sonrisa
Luz do el alma riela,
I un instinto revela
De agradecido amor.
Tus padres cariñosos
Te colman de caricias,
Besando con delicias
Tu rostro encantador,
I en tí ven, de la infancia
Bajo el gracioso velo,
Al que será del cielo
Feliz habitador.
¿No escuchas cual te dicen:
—«Sé dulce i amoroso,
Siempre te harán dichoso
Tu obediencia i candor?»
Óyelos, hijo mió,
Cólmalos de alegrías,
I en sus cansados dias
Sé tú su amparador.
No jermine en tu seno
El insensato orgullo,
Como en tierno capullo
Gusano roedor;
Ni ciencia torpe i vana
Borre la iniájen bella,
Que, cual fuljente estrella,
En tí se reflejó.
Ese cabello rizo
En auréola dorada,
Esa faz animada
De noble inspiración,
Esos ojos hermosos,
Do su místico sello
En divinal destello
Grabara el Hacedor,
Te dan, niño querido,
De un ánjel la apariencia.
¡Guarde Dios tu inocencia!
¡Guárdete ¡ai! en su amor!
¡El te libre, hijo mió,
Con su benigno agrado
Del soplo emponzoñado
Del vicio corruptor!
Jesús, el que halagaba
Con divinal cariño
Al inocente niño,
Te dé su bendición!
Por ella seas dulce,
Jcneroso i humano,
I en cada hombre un hermano
Te dé tu corazón.
¡Ai! no nazca en tu seno
El insensato orgullo,
Como en verde capullo
Gusano roedor,
I te robe la dicha,
La belleza del alma,
I deshoje la palma
Que te guarda el Señor!