Mercedes Marín del Solar

A la muerte de don Diego Portales.

Sí, desencadenada

Saliera del Averno horrenda furia,

Oculta con cautela la sangrienta

Cuchilla a las traiciones avezada,

La torpe faz velada

Con apariencias dulces i engañosas,

Cual sierpe que se oculta entre las rosas.

Ella se arrastra i hasta el alto solio

Penetra del poder: allí combina

El plan de maldición. Su envenenado

Soplo respira sobre mil incautos

Corazones, que ilusos, estraviados,

De incomprensible error, siguen su huella:

Los dias numerados

Tienen ya de la víctima inocente:

I no hai rasgo alevoso,

Que del crimen odioso,

La magnitud enorme no acreciente.

 

Tú mueres ¡Oh dolor! La cruda fiera

Que supo alucinarte con falsías,

No respetó tus dias

Que tan queridos a la patria fueran.

¡Qué! ¿El mérito sublime,

El talento divino,

Poderosos no fueron a librarte,

De tan injusto i bárbaro destino?

¿Con qué fatal conjuro el fementido

Pudo cerrar tu oido

Al aviso oficioso,

De la fiel amistad que al lazo oculto

Tus sagaces miradas convertía?

¿Cómo su noble celo

Rasgar no pudo el velo

Con que se lo encubrió la alevosía?