Mercedes Marín del Solar
Sí, desencadenada
Saliera del Averno horrenda furia,
Oculta con cautela la sangrienta
Cuchilla a las traiciones avezada,
La torpe faz velada
Con apariencias dulces i engañosas,
Cual sierpe que se oculta entre las rosas.
Ella se arrastra i hasta el alto solio
Penetra del poder: allí combina
El plan de maldición. Su envenenado
Soplo respira sobre mil incautos
Corazones, que ilusos, estraviados,
De incomprensible error, siguen su huella:
Los dias numerados
Tienen ya de la víctima inocente:
I no hai rasgo alevoso,
Que del crimen odioso,
La magnitud enorme no acreciente.
Tú mueres ¡Oh dolor! La cruda fiera
Que supo alucinarte con falsías,
No respetó tus dias
Que tan queridos a la patria fueran.
¡Qué! ¿El mérito sublime,
El talento divino,
Poderosos no fueron a librarte,
De tan injusto i bárbaro destino?
¿Con qué fatal conjuro el fementido
Pudo cerrar tu oido
Al aviso oficioso,
De la fiel amistad que al lazo oculto
Tus sagaces miradas convertía?
¿Cómo su noble celo
Rasgar no pudo el velo
Con que se lo encubrió la alevosía?