Ramón López Velarde

Rumbo al olvido

¡Oh pobres almas nuestras

que perdieron el nido

y que van arrastradas

en la falsa corriente del olvido!

Y pensar que extraviamos

la senda milagrosa

en que se hubiera abierto

nuestra ilusión, como perenne rosa.

Pudieron deslizarse,

sin sentir, nuestras vidas

con el compás romántico

que hay en las músicas desfallecidas.

Y pensar que pudimos

enlazar nuestras manos

y apurar en un beso

la comunión de fértiles veranos.

Y pensar que pudimos,

al acercarse el fin de la jornada,

alumbrar la vejez en una dulce

conjunción de existencias,

contemplando, en la noche ilusionada,

el cintilar perenne del Zodíaco

sobre la sombra de nuestras conciencias...

Mas en vano deliro y te recuerdo,

oh virgen esperanza,

oh ilusión que te quedas

en no sé qué lejanas arboledas

y en no sé qué remota venturanza.

Sigamos sumergiéndonos... Mas, antes

que la sorda corriente

nos precipite a lo desconocido,

hagamos un esfuerzo de agonía

para salir a flote

y ver, la última vez, nuestras cabezas

sobre las aguas turbias del olvido.