Manuel Acuña

A Rosario

Esta hoja arrebatada a una corona

que la fortuna colocó en mi frente

entre el aplauso fácil e indulgente

con el primer ensayo se perdona.

 

Esta hoja de un laurel que aún me emociona

como en aquella noche, dulcemente

por más que mi razón comprende y siente

que es un laurel que el mérito no abona.

 

Tú la viste nacer, y dulce y buena

te estremeciste como yo al encanto

que produjo al rodar sobre la escena.

 

Guárdala y de la ausencia en el quebranto

que te recuerde de mis besos, llena,

al buen amigo que te quiere tanto.