Mercedes Marín del Solar

En el álbum de una hermosa boliviana

Jamas hubiera pensado

Que habia negras estrellas,

Hasta que sus luces bellas

En tus ojos he mirado:

En ellos he contemplado

La divinal hermosura,

La modestia, la dulzura,

I el rayo de intelijencia,

Que de tu ser es la esencia

Noble, celestial i pura.

 

Éste era mi pensamiento

La última vez que te vi,

Cuando de tu labio oí

Un dulce i tímido acento:

Con amargo sentimiento

Escuché tu último adiós,

I, al eco de aquella voz,

Recordó el alma aflijida,

De otra prenda la partida,

I ea una pena hallé dos.

 

¿Por qué, divina Dolores,

Dejas hoi de Chile el suelo,

Con su cristalino cielo

I sus brisas i sus flores?

Caricias aquí i amores

Tierna amistad te propina,

Seductora peregrina,

Mientras tú, cual bella rosa,

Esquivas la faz hermosa,

Dejando punzante espina.

 

Mas eres del noble esposo

Prenda, i es vano pensar

Que Chile haya de fijar

Un objeto tan precioso.

Lleve él su tesoro hermoso,

Guárdelo en su corazón,

Con delicia, con pasión;

Yo guardaré tu memoria,

Como una soñada gloria,

Como una grata ilusión.