Mercedes Marín del Solar
Jamas hubiera pensado
Que habia negras estrellas,
Hasta que sus luces bellas
En tus ojos he mirado:
En ellos he contemplado
La divinal hermosura,
La modestia, la dulzura,
I el rayo de intelijencia,
Que de tu ser es la esencia
Noble, celestial i pura.
Éste era mi pensamiento
La última vez que te vi,
Cuando de tu labio oí
Un dulce i tímido acento:
Con amargo sentimiento
Escuché tu último adiós,
I, al eco de aquella voz,
Recordó el alma aflijida,
De otra prenda la partida,
I ea una pena hallé dos.
¿Por qué, divina Dolores,
Dejas hoi de Chile el suelo,
Con su cristalino cielo
I sus brisas i sus flores?
Caricias aquí i amores
Tierna amistad te propina,
Seductora peregrina,
Mientras tú, cual bella rosa,
Esquivas la faz hermosa,
Dejando punzante espina.
Mas eres del noble esposo
Prenda, i es vano pensar
Que Chile haya de fijar
Un objeto tan precioso.
Lleve él su tesoro hermoso,
Guárdelo en su corazón,
Con delicia, con pasión;
Yo guardaré tu memoria,
Como una soñada gloria,
Como una grata ilusión.