Pedro Salinas

Respuesta a la luz

Sí, sí, dijo el niño, sí.

Y nadie le preguntaba.

¿Qué le ofrecías, la noche,

tú, silencio, qué le dabas

para que él dijera a voces,

tanto sí, que sí, que sí?

Nadie le ofrecía nada.

Un gran mundo sin preguntas,

vacías las negras manos

-ámbitos de madrugada-,

alrededor enmudece.

Los síes -¡qué golpetazos

de querer en el silencio!-,

las últimas negativas

a la noche le quebraban.

Sí, sí a todo, a todo sí,

a la nada sí, por nada.

 

Allá por los horizontes

sin que nadie -el sólo: nadie-

la escuchara, sigilosa

de albor, rosa y brisa tierna,

iba la pregunta muda,

naciendo ya, la mañana.