Julio Herrera y Reissig

Decoración heráldica

Señora de mis pobres homenajes, Débote siempre amar aunque me ultrajes. Góngora.

 

 

Soñé que te encontrabas junto al muro

glacial donde termina la existencia,

paseando tu magnífica opulencia

de doloroso terciopelo oscuro.

 

Tu pie, decoro del marfil más puro,

hería, con satánica inclemencia,

las pobres almas, llenas de paciencia,

que aún se brindaban a tu amor perjuro.

 

Mi dulce amor que sigue sin sosiego,

igual que un triste corderito ciego,

la huella perfumada de tu sombra,

 

buscó el suplicio de tu regio yugo,

y bajo el raso de tu pie verdugo

puse mi esclavo corazón de alfombra.