César Vallejo

Poema XXXVII

Trilce

He conocido a una pobre muchacha

a quien conduje hasta la escena.

La madre, sus hermanas qué amables y también

aquel su infortunado “tú no vas a volver”.

 

Como en cierto negocio me iba admirablemente,

me rodeaban de un aire de dinasta florido.

La novia se volvía agua,

y cuán bien me solía llorar

su amor mal aprendido.

 

Me gustaba su tímida marinera

de humildes aderezos al dar las vueltas,

y cómo su pañuelo trazaba puntos,

tildes, a la melografía de su bailar de juncia.

 

Y cuando ambos burlamos al párroco,

quebróse mi negocio y el suyo

y la esfera barrida.