José Maria Hinojosa

Vinieron aves heridas

Un ave herida se aquietó en mi frente

viendo huir tus miradas

dispersas por los aires mudos

de membranas mohosas y preguntas inútiles.

 

Tu aliento recortaba sobre nubes

el corazón sangriento

que en otro tiempo se ocultó en mi carne

y tu aliento bañaba de rocío

las dos manos abiertas enredadas en humo

que quieren alcanzar, sin conseguirlo,

con sus dedos de cieno

el ave herida aquietada en mi frente.

 

Si a tus ojos no vienen a bañarse

panteras en acecho

ni nos muestras en ellas hostias blancas,

hojas de carne perderán los árboles

porque a mi frente,

presas dentro del cráneo,

han venido a posarse aves heridas.

 

[La sangre en libertad]