Josefa Morillo
Me pide usted un remedio
para el mal del corazón:
sepa que la precaución
es acaso el mejor medio;
pero si ello no bastase,
como cierto le aseguro,
señor, que... yo no le curo,
por más bien que me pagase.
Con tal franqueza, comprendo
que debe usted renunciar;
si no renuncia, testar
y... váyase usted muriendo.
Me libraré del contagio
a costa de su desgracia.
¡Vamos! muera usted en gracia
¡y le rezaré un sufragio!