Ramón López Velarde

Vacaciones

El son del corazón

De tu pueblo a tu hacienda te llevabas

la cabellera en libertad y el pecho

guardado por cien místicas aldabas.

 

Metías en el coche los canarios,

la máquina de Singer, la maceta,

la canasta del pan... Y en el otoño

te ibas rezando leguas de rosarios.

 

René, el gigante perro del pastor,

en un galope como si nadara,

te escoltaba, buscándote la cara.

 

Y detrás del René blanco y gigante

en aquel mapamundi de ilusión

cabalgaba sin brida el estudiante.

 

René hacía tres veces el camino

yendo y viniendo desde ti hasta mí,

ladrando porque no y porque sí.

 

René, acróbata de tu portezuela,

venía a hacer brincar su corazón

escandaloso, arriba de mi arzón.

 

Luego mordía a las mulas; pero ellas,

al peligroso paso de tu río,

sólo pedían, por sacarte salva,

transfigurarse en un tiro de estrellas.

 

A ti la voz confidencial del campo

de mañana llamábate la hija

mayor de la comarca, y en la tarde

de todo lo creado la idea fija.

 

Del mapamundi del amor, no más

yo en estas vacaciones sobrevivo;

pero fuera del mundo van un coche,

un estudiante de Santo Tomás

y un perro que les ladra sin motivo.