José Asunción Silva

Ars

El verso es vaso santo. Poned en él tan sólo

un pensamiento puro,

en cuyo fondo bullan hirvientes las imágenes

como burbujas de oro de un viejo vino oscuro.

 

Allí verted las flores que en la continua lucha

ajó del mundo el frío,

recuerdos deliciosos de tiempos que no vuelven,

y nardos empapados en gotas de rocío...

 

Para que la existencia mísera se embalsame,

cual de una esencia ignota

quemándose en el fuego del alma enternecida,

de aquel supremo bálsamo basta una sola gota.