Mercedes Marín del Solar
I tú, infeliz Cavada,
De la fiel amistad ilustre ejemplo,
¿Por qué mueres también? ¿Cuál fué el delito
Que provocó la rabia
Sangrienta de esos lobos carniceros
Para cebarse en tu modesta vida?
Tú sigues a la víctima querida
Al sacrificio fiero ; mas, en vano
Su salvación procuras; el camino
Del dédalo intrincado
Por astucia infernal está cerrado.
Mas, veo de los ciclos la venganza
Descender al momento
Confiada a nuestros bravos, que acometen,
I cual llama que acrece el raudo vieuto,
Nuevo ardor los inflama,
A vista de la víctima sangrienta,
Que exánime a sus ojos se presenta.
Furor, ira, venganza, dolor fiero
Llena los hondos pechos; por sus ojos
Raudal vertiendo de ardoroso llanto,
Esgrimen denodados el acero
Que vibra refuljente, cual la espada
Del Esterminador; seguid, valientes,
Purificad un suelo amancillado
Por tan infando crimen: no son hombres,
Son furias infernales las que cruzan
Ese campo fatal: corred, guerreros,
Perseguidlas en todos los senderos,
I, si huyen a sus hórridas guaridas,
Ponga el remordimiento,
Con incesante, roedor tormento,
Fin espantoso a sus infames vidas.