Mercedes Marín del Solar

A la muerte de don Diego Portales.

I tú, infeliz Cavada,

De la fiel amistad ilustre ejemplo,

¿Por qué mueres también? ¿Cuál fué el delito

Que provocó la rabia

Sangrienta de esos lobos carniceros

Para cebarse en tu modesta vida?

Tú sigues a la víctima querida

Al sacrificio fiero ; mas, en vano

Su salvación procuras; el camino

Del dédalo intrincado

Por astucia infernal está cerrado.

Mas, veo de los ciclos la venganza

Descender al momento

Confiada a nuestros bravos, que acometen,

I cual llama que acrece el raudo vieuto,

Nuevo ardor los inflama,

A vista de la víctima sangrienta,

Que exánime a sus ojos se presenta.

 

Furor, ira, venganza, dolor fiero

Llena los hondos pechos; por sus ojos

Raudal vertiendo de ardoroso llanto,

Esgrimen denodados el acero

Que vibra refuljente, cual la espada

Del Esterminador; seguid, valientes,

Purificad un suelo amancillado

Por tan infando crimen: no son hombres,

Son furias infernales las que cruzan

Ese campo fatal: corred, guerreros,

Perseguidlas en todos los senderos,

I, si huyen a sus hórridas guaridas,

Ponga el remordimiento,

Con incesante, roedor tormento,

Fin espantoso a sus infames vidas.