Mercedes Marín del Solar
Cuando al azul de los cielos
Un lijero vapor sube
I en sutil, dorada nube
Se cubre con claros velos,
I a la luz del bello dia
Brillantes i vaporosas
Esas nubes caprichosas
Cautivan la fantasía;
Absorta sigo i callada
Sus juegos i ondulaciones
I en vagas contemplaciones
Se queda el alma abismada.
Pero, si por distracción
Miro tu rostro divino,
Laura bella, me imajino
Que aquella blanca ilusión
Es un emblema espresivo
De ese tu ser hechicero,
Que me revela el artero
Secreto de tu atractivo.
Esa nube trasparente
Es, o Laura, tu inocencia
I es gallarda tu presencia
Como el cielo es esplendente.
En él hai lindas estrellas,
Hai nubes de oro i de grana,
Hai brisas de la mañana,
Tempestades i centellas,
Hai aurora purpurina,
Que dá vida a la esperanza,
Hai en los aires mudanza,
Hai estrella vespertina.
I como es cierto que al cielo
Sus votos dirijo el hombre,
No te admire ni te asombre
Que implore de tí consuelo.
Óyele, Laura querida,
Pues que Dios te hizo beldad,
Pero la felicithul
No aventures de tu vida.
De ese tierno sentimiento,
Bella flor de juventud
Que unido con la virtud,
Es de la dicha elemento,
Arderá el fuego divino
I a sus suaves esplendores,
Verás la senda de flores
Que te prepara el destino.
Pero mientras llega el dia
Que ha de fijar tu ventura,
Vive, linda criatura,
Con inocente alegría.
Libre reposa i exenta
Como la rosa temprana,
Que al soplo de la mañana
Sus ricas galas ostenta.
Goza de tu madre amada
La delicada terneza,
Crece en gracia i en belleza
Del tierno padre adorada.
Así plácida ventura
Gozarás, niña querida,
Ya la tienes merecida
I mi numen te la augura.