María Eugenia Vaz Ferreira

Oh milagroso amor; fuerza divina

La otra isla de los cánticos

Oh milagroso amor, fuerza divina,

con que me hiciste el alma prisionera

cuando me hirió con su fragante espina

la rosa de tu dulce primavera...

 

La musa solitaria y peregrina

para cantar a la inmortal quimera

lanza desde el picacho de la ruina

el grito de su alondra plañidera,

 

Ya que magüer mi fúlgido lirismo,

presa también del torbellino loco

que tragó los antiguos embelesos,

 

desde el trágico fondo del abismo

van saliendo a la orilla poco a poco,

como gloriosos náufragos tus besos.