Fabio Federico Fiallo Cabral

Sándalo

Es su espíritu lámpara encendida

en el callado altar del sacrificio,

y son dos piedras de ese altar propicio

el duro seno en que su fe se anida.

 

Ni una vez tu pupila endurecida

el vértigo sintió del precipicio,

ni pudo despertarle un solo indicio

el pecado al rozarla por la vida.

 

Si pesada es su cruz nadie lo advierte:

De tal modo es alígera su planta,

y, como alondra, cuando sufre canta.

 

Breve, igual a una flor, será su muerte...

Y cuando muera, un suave olor de santa

perfumará los labios de la muerte.