Salomé Ureña

Pobre niño

*En la muerte de José María

Pichardo Patín, discípulo de

Hostos.*

 

Ayer no más, al beso

de maternal ternura peregrina,

la vida te sonrió con embeleso,

dejando un rayo de la luz divina

sobre tu frente impreso.

 

Al verte, los que alzamos

el pendón sacrosanto de los buenos,

los que la fe del porvenir guardamos,

en ti, gozosos, de entusiasmo llenos,

un lidiador miramos.

 

Y ay! el dolor se avanza,

se interpone a tu paso en el camino,

desfalleces al golpe que te alcanza,

y al peso abrumador de tu destino

se extingue de la Patria una esperanza.