Mercedes Marín del Solar

A la señora doña M. H. de Toledo, en la muerte de su hija

Pero soplan las brisas placenteras

De la bella estación de los amores,

Derramando en los campos gayas flores

I en el alma esperanzas lisonjeras.

 

I a tí tornan, mas pérfido elemento

Arrebata en su rápida carrera

La pareja querida ¡o suerte fiera!

Confundiendo sus almas i su aliento....

 

Diestro salvar pudiérase el esposo,

Pero no lo consiente su ternura,

I asido de su amada a la cintura,

Su vida le consagra jeneroso.

 

En vano la amistad i la inocencia

Lanzan con ellos su clamor doliente,

El rio como líquida serpiente

Los arrastra al abismo sin clemencia.

 

I se lleva entre su onda bullidora

Tu delicia, tu amor, tu dicha i vida

I Lucila al morir: «¡Madre querida!

Adiós!» clama con voz desgarradora....

 

Adiós, que, cual horrísono jemido

Los ecos de los valles repitieron,

I en sus alas los vientos lo trajeron,

Fieros a herir el maternal oído....

*

Llora, amiga infeliz, justo tributo

Es ese acerbo llanto a tanta pena....

Jamás tornaré a ver tu faz serena;

Eterno llevarás el negro luto!