Ramón María del Valle-Inclán

Rosa de mi abril

Fui por el mar de las sirenas

como antaño Rudel de Blaya,

y ellas me echaron las cadenas

sonoras de la ciencia gaya.

 

¡Divina tristeza, fragante

de amor y dolor! ¡Dulce espina!

¡Soneto que hace el estudiante

a los ojos de una vecina!

 

La vecina que en su ventana

suspiraba de amor. Aquella

dulce niña, que la manzana

ofrecía como una estrella.

 

¡Ojos cándidos y halagüeños,

boca perfumada dc risas,

alma blanca llena de sueños

como un jardín lleno de brisas!

 

Era el Abril, cuando la llama

de su laurel adolescente,

daba el sol como un oriflama,

en el navío de mi frente.

 

¡Clara mañana de estudiante

con tristezas de amor ungida,

y aquella furia de gigante

por llenar de triunfos la vida!

 

En mi pecho daba su canto

el ave azul de la quimera,

y me coronaba de acanto

una lírica Primavera.

 

Ciego de azul, ebrio de aurora,

era el vértigo del abismo

en el grano de cada hora,

y era el horror del silogismo.

 

¡Clara mañana de mi historia

de amor, tu rosa deshojada,

en los limbos de mi memoria

perfuma una ermita dorada!