José Asunción Silva
En lo profundo de la selva añosa
donde una noche, al comenzar de mayo,
tocó en la vieja enredadera hojosa
de la pálida luna el primer rayo,
pocos meses después la luz de aurora
del gas en la estación iluminaba
el paso de la audaz locomotora
que en el carril durísimo cruzaba.
Y en donde fuera en otro tiempo el nido,
albergue muelle del alado enjambre,
pasó por el espacio un escondido
telegrama de amor, por el alambre.