Pedro Salinas

¿Cómo me vas a explicar?

¿Cómo me vas a explicar,

di, la dicha de esta tarde,

si no sabemos porqué

fue, ni cómo, ni de qué

ha sido,

si es pura dicha de nada?

En nuestros ojos visiones,

visiones y no miradas,

no percibían tamaños,

datos, colores, distancias.

De tan desprendidamente

como estaba yo y me estabas

mirando, más que mirando,

mis miradas te soñaban,

y me soñaban las tuyas.

Palabras sueltas, palabras,

deleite en incoherencias,

no eran ya signo de cosas,

eran voces puras, voces

de su servir olvidadas.

¡Cómo vagaron sin rumbo,

y sin torpeza las caricias!

Largos goces iniciados,

caricias no terminadas,

como si aun no se supiera

en qué lugar de los cuerpos

el acariciar se acaba,

y anduviéramos buscándolo,

en lento encanto, sin ansia.

Las manos, no era tocar

lo que hacían en nosotros,

era descubrir; los tactos

nuestros cuerpos inventaban,

allí en plena luz, tan claros

como en la plena tiniebla,

en donde sólo ellos pueden

ver los cuerpos,

con las ardorosas palmas.

Y de estas nadas se ha ido

fabricando, indestructible,

nuestra dicha, nuestro amor,

nuestra tarde.

Por eso no fue nada,

sé que esta noche reclinas

lo mismo que una mejilla

sobre este blancor de plumas

-almohada que ha sido alas-

tu ser, tu memoria, todo,

y que todo te descansa,

sobre una tarde de dos,

que no es nada, nada, nada.