Manuel Acuña

Mentiras de la existencia

¡Qué triste es vivir soñando

en un mundo que no existe!

Y qué triste

ir viviendo y caminando,

sin fe en nuestros delirios,

de la razón con los ojos,

que si hay en la vida lirios,

son muchos mas los abrojos.

 

Nace el hombre, y al momento

se lanza tras la esperanza,

que no alcanza

porque no se alcanza el viento;

y corrre, corre, y no mira

al ir en pos de la gloria

que es la gloria una mentira

tan bella como ilusoria.

 

¡No ve al correr como loco

tras la dicha y los amores,

que son flores

que duran poco, muy poco!

¡No ve cuando se entusiasma

con la fortuna que anhela,

que es la fortuna un fantasma

que cuando se toca vuela!

 

Y que la vida es un sueño

del que, si al fin despertamos,

encontramos

el mayor placer pequeño;

pues son tan fuertes los males

de la existencia en la senda,

que corren allí a raudales

las lágrimas en ofrenda.

 

Los goces nacen y mueren

como puras azucenas,

mas las penas

viven siempre y siempre hieren;

y cuando vuelve la calma

con las ilusiones bellas,

su lugar dentro del alma

queda ocupado por ellas.

 

Porque al volar los amores

dejan una herida abierta

que es la puerta

por donde entran los dolores;

sucediendo en la jornada

de nuestra azarosa vida

que es para el pesar "entrada"

lo que para el bien "salida".

 

Y todos sufren y lloran

sin que una queja profieran,

porque esperan

¡hallar la ilusión que adoran!...

Y no mira el hombre triste

cuando tras la dicha corre,

que sólo el dolor existe

sin que haya bien que lo borre.

 

No ve que es un fatuo fuego

la pasión en que se abrasa,

luz que pasa

como relámpago, luego:

y no ve que los deseos

de su mente acalorada

no son sino devaneos,

no son más que sombra, nada.

 

Que es el amor tan ligero

cual la amistad que mancilla

porque brilla

sólo a la luz del dinero;

y no ve cuando se lanza

loco tras de su creencia,

que son la fe y la esperanza,

mentiras de la existencia.