Salomé Ureña

En el Nacimiento de Mi Primogénito

(A mi esposo)

 

 

¡Levántate, alma mía,

por el materno amor transfigurada,

y a los confines del espacio envía

el himno de la dicha inesperada.

 

Y tú, que abres conmigo

a esa ternura nueva el pecho en gozo,

tú que compartes cuanto sueño abrigo,

cuanta ilusión feliz es mi alborozo,

 

ven, y los dos a una

el cántico de amor juntos alcemos,

y del pequeño ser ante la cuna

el alba del futuro saludemos:

 

el alba de esa vida

que a iluminar nuestro horizonte alcanza,

y a cuya luz vislumbra estremecida

espacios infinitos de esperanza.

 

Los cielos se inclinaron,

y descendió al hogar entre armonías

el ángel que mis sueños suspiraron,

nuncio de bendiciones y alegrías.

 

¡Oh, cómo se estremece

engrandecida la existencia ufana

pensando de esa aurora que amanece

vivir reproducida en el mañana!

 

De hoy más, un sueño solo,

una sola ambición tras el destine,

a nuestras almas servirá de polo,

del tiempo al avanzar en el camino.

 

¡Oh, sí! Limpiar de abrojos

la senda preparada al ser que nace,

al bien y a la virtud abrir sus ojos

y el peligro desviar que le amenace.

 

Y así, como entre flores,

ajeno a la maldad, al vicio ajeno,

verle a lo grande tributar honores

y el alto aprecio merecer del bueno.

 

Y así a la Patria, al mundo,

como prenda de paz y de amor santo,

en acciones magnánimas fecundo

un miembro digno regalar en tanto.

 

¡Doblemos el aliento!

Vamos al porvenir, la fe en el alma,

para él a conquistar con ardimiento

de ciencia, de virtud, de bien la palma.