Mercedes Marín del Solar

A la muerte de don Diego Portales.

Que, al modo de la calma, precursora

De hórrida tempestad, allí reinaba

Con imperio terrible i pavoroso,

Solo un ¡ai! doloroso

El eco de la selva repetía

I entre débiles auras se perdía.

 

Díme, infeliz Portales ¿qué sentiste

Cuando el amargo cáliz de la muerte

Se presentó a tus ojos por la mano

De la negfa maldad? Di ¿cuál sufriste

Mas agudo dolor? Fué la injusticia

De la condena atroz? La alevosía,

La baja ingratitud? Fué el pensamiento

Del hondo precipicio en que sumida

Vías la dulce patria, o la memoria

De las prendas a quienes la natura

Con vínculos de amor te habia unido?. . . .

Revélalo, amistad ardiente i pura,

Que, cual muñen de paz i de consuelo

Descendido del cielo,

Tu bálsamo suavísimo vertiendo

En el alma aflijida,

Tocar pudiste la profunda herida.

 

Inútil fué el denuedo

I tanta noble sangre derramada

Por la leal milicia en su defensa,

I la preciosa vida

Del valiente Zaldívar, en las aras

De la patria ofrecida.