Mercedes Marín del Solar
Que, al modo de la calma, precursora
De hórrida tempestad, allí reinaba
Con imperio terrible i pavoroso,
Solo un ¡ai! doloroso
El eco de la selva repetía
I entre débiles auras se perdía.
Díme, infeliz Portales ¿qué sentiste
Cuando el amargo cáliz de la muerte
Se presentó a tus ojos por la mano
De la negfa maldad? Di ¿cuál sufriste
Mas agudo dolor? Fué la injusticia
De la condena atroz? La alevosía,
La baja ingratitud? Fué el pensamiento
Del hondo precipicio en que sumida
Vías la dulce patria, o la memoria
De las prendas a quienes la natura
Con vínculos de amor te habia unido?. . . .
Revélalo, amistad ardiente i pura,
Que, cual muñen de paz i de consuelo
Descendido del cielo,
Tu bálsamo suavísimo vertiendo
En el alma aflijida,
Tocar pudiste la profunda herida.
Inútil fué el denuedo
I tanta noble sangre derramada
Por la leal milicia en su defensa,
I la preciosa vida
Del valiente Zaldívar, en las aras
De la patria ofrecida.