José Eustasio Rivera

XLV - Escueto y solo, donde el llano empieza

Tierra de promisión

Escueto y solo, donde el llano empieza,

se tiende el cementerio campesino;

y en la santa penumbra el vespertino

viento, suspira... y la colmena reza.

 

Nadie viola su mística tristeza,

nadie! Y en el invierno peregrino

se dobla alguna cruz ante el camino

y amanece llorando la maleza.

 

Ya de noche, unas vacas compasivas,

haciendo misteriosas rogativas,

se echan por calentar las sepulturas;

 

y, convirtiendo al cielo sus ojazos,

ven una cruz de estrellas, cuyos brazos

se abren sobre las huérfanas llanuras.