Ramón María del Valle-Inclán

Rosa vespertina

Anochece: En la aldea,

un gallo cacarea

mirando el amapol

del Sol.

 

Vacas y recentales

pacen en los herbales,

y canta una mociña

albina.

 

El refajo de grana

de la niña aldeana

enciende al cristalino

lino.

 

En el fondo del prado

el heno agavillado,

entre llovizna y bruma

perfuma.

 

Por la verde hondonada,

la luz anaranjada

que la tarde deslíe,

ríe.

 

Y abre sobre la loma

su curva policroma,

el arco que ventura

augura.

 

Y toda azul, la hora,

tiene el alma que llora

y reza, de una santa

infanta.

 

Con el rumor de un vuelo

tiembla el azul del cielo,

y un lucero florece.

Anochece.