Mercedes Marín del Solar

A la muerte de don Diego Portales.

Ardiendo en ira santa

La juventud chilena se apercibe

A vengar el ultraje. No la espanta

Puñal aterrador; su sangre toda

Gustosa verterá, si así redime

El honor ultrajado i el reposo

De la patria infeliz. El entusiasmo,

Como fuego del cielo descendido

Llena los corazones. Cual quisiera

Con atrevida mano

Derrocar al tirano ; cual volviendo

Al Mártir de la patria sus miradas,

Ansia seguir su huella esplendorosa

I halla suerte dichosa

La de morir llorado

Del pueblo libre cuya dicha fuera

De su desvelo el fin...—Pero la patria

Verá dias de gloria... Noble arrojo

Será, no vil oprobio i desaliento

El fruto del amargo sentimiento

Con que a Portales llora desolada

La familia chilena.—¡Sombra amada!

No te conmuevas en la sombra fria,

Ni turbe tu reposo

El pensamiento odioso

De ver por el tirano envilecida,

Aherrojada, oprimida

Esta patria adorada,

Que merced a tu celo, se vio un dia

A tan excelsa gloria levantada.