César Vallejo

Poema LIII

Trilce

Quién clama las once no son doce!

Como si las hubiesen pujado, se afrontan

de dos en dos las once veces.

 

Cabezazo brutal. Asoman

las coronas a oír,

pero sin traspasar los eternos

trescientos sesenta grados, asoman

y exploran en balde, dónde ambas manos

ocultan el otro puente que les nace

entre veras y litúrgicas bromas.

 

Vuelve la frontera a probar

las dos piedras que no alcanzan a ocupar

una misma posada a un mismo tiempo.

La frontera, la ambulante batuta, que sigue

inmutable, igual, sólo

más ella a cada esguince en alto.

 

Veis lo que es sin poder ser negado,

veis lo que tenemos que aguantar,

mal que nos pese.

¡Cuánto se aceita en codos

que llegan hasta la boca!