Manuel Acuña

A ch...

Si supieras, niña ingrata,

lo que mi pecho te adora;

si supieras que me mata

la pasión que por ti abrigo;

tal vez, niña encantadora,

no fueras tan cruel conmigo.

 

Si supieras que del alma

con tu desdén ha volado

fugaz y triste la calma,

y que te amo más mil veces,

que las violetas al prado

y que a los mares los peces;

 

tal vez entonces, hermosa,

oyeras el triste acento

de mi querella amorosa;

y atendiendo a mi reclamo,

mitigaras mi tormento

con un beso y un "yo te amo".

 

Si supieras, dulce dueño,

que tú eres del alma mía

el sólo y único sueño;

y que al mirar tus enojos,

la ruda melancolía

baña en lágrimas mis ojos;

 

tal vez entonces me amaras,

y con tus labios de niño

mis labios secos besaras;

y cariñosa y sonriente

a mi constante cariño

no fueras indiferente.

 

Ámame, pues, niña pura

ya que has oído el acento

del que idolatrarte jura;

y atendiendo a mi reclamo,

ven y calma mi tormento

con un beso y un "yo te amo".