María Eugenia Vaz Ferreira

Oda a la belleza

La isla de los cánticos

Oh Belleza, que tú seas bendita,

ya que eres absolutamente pura,

ya que eres inviolada,

límpida, firme, sana e impoluta.

Fuente de la divina complacencia,

Oasis infinito

que prodigas los éxtasis beatos

y las románticas contemplaciones...

 

Adonde quiera que tu signo luzca,

adonde quiera que la esencia encarnes,

emerge de tu gaya fantasía

una gloria serena y luminosa

una fruición profunda e inefable...

 

Eres el cauce pródigo

surtidor de armonía,

crisol de místicas depuraciones,

la veta que colora y que sublima

el eterno miraje;

eres la gema augusta

prendida sobre el arca

fértil del universo.

 

Aunque el ciego te ignore,

el profano te niegue

y el infiel te repudie,

eres eternamente triunfadora

sobre la indiferencia de los necios

y la conjuración de los apóstatas…

Aunque los pecadores

te inculpen sus pecados,

y te acusen los réprobos

de atributos malditos,

eres inmaculada e inocente;

no te corrompes con la hiel del odio

ni la ponzoña del amor sacrílego.

 

Eres inaccesible,

Eres pasiva y sola,

sencilla y sobrehumana;

no inspiras, no padeces

el dominio imperial de la materia

ni la sensible turbación del alma...

 

Entre todos los acontecimientos

evoluciones, mitos y teorías,

entre la suficiencia que te alaba

y la diversidad que te interroga,

tú te levantas religiosamente

dentro la urna dúctil de tu forma

como en la alada prez del incensario

la inmunidad de la sagrada hostia.

 

Oh Belleza, que tú seas bendita,

más la sabia legión de tus apóstoles,

la entraña que te crea,

el sol que te ilumina,

el prisma que te agranda,

la plancha que te copia,

el áureo pedestal que te enaltece

y el soberano lis que te corona.

 

Por eso sobre el plinto de tu imagen,

sobre la majestad de tu hermosura,

sobre el fulgor joyante de tus iris,

sobre la egregia línea de tus curvas

pongo la rendición del canto mío...

a tu gracia inmortal loa fecunda.**