José de Espronceda

A la muerte de don Joaquín de Pablo (Chapalangarra)

Desde la elevada cumbre

Do el gran Pirene levanta

Término y muro soberbio

Que cerca y defiende a España,

Un joven proscrito de ella

Tristes lágrimas derrama,

Y acaso tiende la vista

Por ver desde allí su patria,

Desde allí do a su despecho,

Llorando deja las armas

Con que del Sena al Pirene

Se lanzó por libertarla;

Y al ver la turba de esclavos

Que sus hierros afianzan,

De infame triunfo orgullosos,

Alejarse en algazara,

Solo entonces, contemplando

El suelo que ellos pisaran,

Y que aun torrentes de sangre

Recién derramada bañan,

En su rápida carrera

Volcando cuerpos y armas,

Se sienta en la alzada cima,

A un lado la rota espada,

Y al rumor de los torrentes

Y del huracán que brama,

Negra cítara pulsando,

Endechas lúgubres canta.

 

«Llorad, vírgenes tristes de Iberia,

Nuestros héroes en fúnebre lloro;

Dad al viento las trenzas de oro

Y los cantos de muerte entonad.

Y vosotros, ¡oh nobles guerreros!

De la patria sostén y esperanza,

Abrasados en sed de venganza,

Odio eterno al tirano jurad.»