Manuel Acuña

Al ruiseñor mexicano

Para Angela Peralta

 

Hubo una selva y un nido

y en ese nido un jilguero

que alegre y estremecido,

tras de un ensueño querido

cruzó por el mundo entero.

 

Que de su paso en las huellas

sembró sus notas mejores,

y que recogió con ellas

al ir por el cielo, estrellas,

y al ir por el mundo; flores.

 

Del nido y de la enramada

ninguno la historia sabe;

porque la tierra admirada

dejó esa historia olvidada

por escribir la del ave.

 

La historia de la que un día

al remontarse en su vuelo,

fue para la patria mía

la estrella de más valía

de todas las de su cielo.

 

La de aquella a quien el hombre

robara el nombre galano

que no hay a quien no le asombre

para cambiarlo en el nombre

de Ruiseñor Mexicano.

 

Y de la que al ver perdido

su nido de flores hecho,

halló en su suelo querido

en vez de las de su nido

las flores de nuestro pecho.

 

Su historia... que el pueblo ardiente

en su homenaje más justo

viene a adorar reverente

con el laurel esplendente

que hoy ciñe sobre su busto.

 

Sobre esa piedra bendita

que grande entre las primeras

es la página en que escrita

leerán tu gloria infinita

las edades venideras.

 

Y que unida a la memoria

de tus hechos soberanos,

se alzará como una historia

hablándoles de tu gloria

a todos los mexicanos.

 

Hoy al mirar tus destellos

resplandecer de ese modo

bien puede decirse de ellos

que el nombre tuyo es de aquellos,

que nunca muere del todo.