Amado Nervo

Parábola. Jam Faetet

Místicas

Jesucristo es el buen Samaritano:

yo estaba malherido en el camino,

y con celo de hermano,

ungió mis llagas con aceite y vino;

después, hacia el albergue, no lejano,

me llevó de la mano,

en medio del silencio vespertino.

 

Llegados, apoyé con abandono

mi cabeza en su seno,

y Él me dijo muy quedo: «Te perdono

tus pecados, ve en paz; sé siempre bueno

y búscame: de todo cuanto existe

yo soy el manantial, el ígneo centro...»

 

Y repliqué, muy pálido y muy triste:

-«¿Señor, a qué buscar si nada encuentro?

¡Mi fe se me murió cuando partiste,

y llevo su cadáver aquí dentro!»

 

«Estando Tú conmigo viviría...

Mas tu verbo inmortal todo lo puede:

dila que surja en la conciencia mía,

resucítala, ¡oh Dios, era mi guía!»

 

Y Jesucristo respondió: -Ya hiede.