Ramón López Velarde

Despilfarras el tiempo...

Prolóngase tu doncellez

como una vacua intriga de ajedrez.

 

Torneada como una reina

de cedro, ningún jaque te despeina.

 

Mis peones tantálicos

al rondarte a deshora,

fracasan en sus ímpetus vandálicos.

 

La lámpara sonroja tu balcón;

despilfarras el tiempo y la emoción.

 

Yo despilfarro, en una absurda espera,

fantasía y hoguera.

 

En la velada incompatible,

frústrase el yacimiento espiritual

y de nuestras arterias el caudal.

 

Los pródigos al uso

que vengan a nosotros a aprender

cómo se dilapida todo el ser.

 

Tu destino y el mío, contrapuestos,

vuelcan el apogeo de la vida

febril e insomne que se va, en la ida

de un cofre que rebosa

y se malgasta en una fecha ociosa.

 

Las monedas excomulgadas

de nuestro adulto corazón

caen al vacío, con

lúgubre opacidad, cual si cayera

una irreparable sordera.

 

Y frente al ínclito derroche

de los tesoros que atesora

el yacimiento de las almas, algo

muy hondo en mí, se escandaliza y llora.