José Maria Hinojosa

La rosa de los vientos

Para picotear sobre mi fría palma

bajan aleteando las estrellas

y la Osa Mayor no será nunca blanca

porque ha olvidado su pasión mimética.

 

Han puesto colgaduras encaladas

para borrar los huecos de mis huellas,

mujeres negras que habitan mi casa.

Sólo han brotado de mi barco velas.

 

Mientras oteo curvos horizontes

en el balcón de escarcha tempranera,

veo llegar el humo desde Londres,

que amarillo nació en las chimeneas

y, cano ya, me llama a grandes voces

y pregunta con gesto anacoreta

por la senda que lleva al Polo Norte.

 

Encogiendo mis hombros hechos niebla

yo le regalo un alfabeto Morse.