Ramón López Velarde

CUANDO CONTIGO ESTOY, DUEÑA DEL ALMA

Cuando contemplo a veces

que plegando los labios enmudeces,

mi adoración pretende en su locura

bajar hasta tu alma a paso lento

y sorprender, en su mansión oscura,

como nota de luz tu pensamiento.

 

Cuando me miran, oh mujer, tus ojos

luminosos cual sol de primavera,

por oír anhelante

las pulsaciones de tus nervios flojos

y el rumor de tu pecho palpitante,

en mi pasión quisiera

el misterioso oído de los magos

que en las nocturnas sombras escondidos

escuchan, a la orilla de los lagos,

hasta sus más recónditos murmullos,

de las ramas los débiles crujidos

y la reventazón de los capullos.

 

Y al sospechar que los recuerdos llenas

de otro amor ya pasado con la historia,

me muerden el espíritu los celos

y quieren mis anhelos

extender con la sombra de mis penas

la noche del olvido en tu memoria.