Ramón López Velarde

El sueño de los guantes negros

El son del corazón

Soñé que la ciudad estaba dentro

del más bien muerto de los mares muertos.

Era una madrugada del Invierno

y lloviznaban gotas de silencio.

 

No más señal viviente, que los ecos

de una llamada a misa, en el misterio

de una capilla oceánica, a lo lejos.

 

De súbito me sales al encuentro,

resucitada y con tus guantes negros.

 

Para volar a ti, le dio su vuelo

el Espíritu Santo a mi esqueleto.

 

Al sujetarme con tus guantes negros

me atrajiste al océano de tu seno,

y nuestras cuatro manos se reunieron

en medio de tu pecho y de mi pecho,

como si fueran los cuatro cimientos

de la fábrica de los universos.

 

¿Conservabas tu carne en cada hueso?

El enigma de amor se veló entero

en la prudencia de tus guantes negros...

 

¡Oh, prisionera del valle de México!

Mi carne... de tu ser perfecto

quedarán ya tus huesos en mis huesos;

y el traje, el traje aquel, con que tu cuerpo

fue sepultado en el valle de México;

y el figurín aquel, de pardo género

que compraste en un viaje de recreo...

 

Pero en la madrugada de mi sueño,

nuestras manos, en un circuito eterno

la vida apocalíptica vivieron.

 

Un fuerte... conto en un sueño,

libre como cometa, y en su vuelo

la ceniza y... del cementerio

gusté cual rosa...