Ramón López Velarde

Tenías un rebozo de seda

Tenías un rebozo en que lo blanco

iba sobre lo gris con gentileza,

para ser a los ojos que te amaban

un festejo de miel en la maleza.

 

Del rebozo en la seda me anegaba

con fe, como en un golfo intenso y puro,

a oler abiertas rosas del presente

y herméticos botones del futuro.

 

En abono de mi sinceridad,

séame permitido un alegato:

Entonces era yo seminarista

sin Baudelaire sin rima y sin olfato;

 

¿guardas flor del terruño aquel rebozo

de maleza y de nieve, en cuya seda

me dormí, aspirando la quintaesencia

de tu espalda leve?