Ramón López Velarde

¡Que adorable manía...!

El son del corazón

¡Qué adorable manía de decir

en mi pobreza y en mi desamparo:

soy más rico, muy más que un gran visir:

el corazón que amé se ha vuelto faro!

 

Cuando se cansa de probar amor

mi carne, en torno de la carne viva,

y cuando me aniquilo de estupor

al ver el surco que dejó en la arena

mi sexo, en su perenne rogativa:

de pronto convertirse al mundo veo

en un enamorado mausoleo...

 

Y mi alma en pena bebe un negro vino,

y un sonoro esqueleto peregrino

anda cual un laúd por el camino...

 

Por darme el santo y seña

se ata debajo de la calavera

las bridas del sombrero de pastora.

 

En su cráneo vacío y aromático

trae la esencia de un eterno viático.

Y, al fin, del fondo de su pecho claro,

claro de Purgatorio y de Sión,

en el sitio en que hubo el corazón

me da a beber el resplandor de un faro!