Sor Juana Inés de la Cruz
¡Oh humana flaqueza nuestra
A donde el mas puro afecto
Aun no sabe desnudarse
Del natural sentimiento!
Tan precisa es la apetencia
Que á ser amados tenemos,
Que aun sabiendo que es inútil
Nunca dejarla sabemos.
Que corresponda á mi amor
Nada añade; mas no puedo,
Por mas que lo solicito,
Dejar yo de apetecerlo.
Si es delito, ya lo digo;
Si es culpa, ya la confieso;
Mas no puedo arrepentirme
Por mas que hacerlo pretendo.
Bien ha visto quien penetra
Lo interior de mis secretos,
Que yo misma estoy forjando
Los dolores que padezco;
Bien sabe que soy yo misma
Verdugo de mis deseos,
Pues muertos entre mis ansias
Tienen sepulcro en mi pecho.
Muero ¡quién creyera! á manos
Del objeto que mas quiero,
Y el motivo de matarme
Es el amor que le tengo.
Así alimentando triste
La vida con el veneno,
La misma muerte que vivo
Es la vida con que muero,
Pero valor, corazon,
Porque á tan dulce tormento,
En medio de cualquier suerte
No dejar de amar protesto!